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Un largo día

miércoles, noviembre 12, 2008

Un nuevo libro de mi buen amigo. Antídoto para el buenismo cutre.


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La Reina y la Democracia

viernes, octubre 31, 2008

La gente que se altera cada vez que aparece en los medios algún miembro de la familia real me da risa. Sus quejas sobre lo gandules que son, el dinero que hacen gastar al Estado o lo bien que viven me importan un bledo.
Primero, porque el dinero que gastan se queda bien pequeño si lo comparamos con los millones de euros gastados cada año en imbecilidades varias por parte de nuestros mandatarios supuestamente elegidos de forma democrática: subvenciones a la cultura que sólo generan mafias pedantes, cochazos de lujos, reformas del hogar y especialmente comilonas abundantes y caras. Más de uno se volvería loco al saber cuánto dinero se gasta en las Instituciones del Estado al agasajar y autoagasajar.
Segundo, porque tiene que ser un infierno vivir como viven ellos. Edificios feos -como el de los príncipes- y no poder quedarse en casa a hacer lo que les de la gana, aguantar día tras día discursos soporíferos, gente con las manos sudorosas, sonreír a gente que te cae como el culo, no poder viajar a donde te salga de las narices, etc. Pero sobre todo, insisto, no poder quedarte en casa cuando quieres.

Pero claro, en una democracia parlamentaria el papel de la Familia Real es el de símbolo: representan la tradición, la permanencia, todas las esencias que en tiempos poco metafísicos como los nuestros necesitan encarnarse en carne y hueso. Nada de derecho divino ni tonterías por el estilo.
Por eso, jamás pensé que la ingenuidad real permitiese que se publique un libro en el que aparezca la Reina opinando sobre el matrimonio homosexual o contra la Constitución en relación a la laicidad de la educación
Ahora nosotros, las hordas rojas -y liberales-, nos tiramos de los pelos pensando que va a resultar que Su Alteza resulta que es una persona que opina, siente y padece. Y que es profundamente conservadora. Vaya sorpresa señores.
El problema no es lo que piense la persona que ha acabado siendo Reina, sino que alguien tenga la desfachatez de hacerlo público pretendiendo maquiavelicamente que se identifique a la Corona -y por defecto al Estado- como defensora de unos determinados valores. Ahora, llevando esta lógica estúpida hasta el extremo, los reyes son reyes sólo de la mitad de los españoles.

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De velos y hábitos

viernes, junio 27, 2008

Andan soliviantados los pseudoliberales de aquí y de allá por la cuestión acerca del velo islámico, si debe o no ser prohibido su uso, o al menos si es cuestionable y si es un símbolo de discriminación. Andan en el GEES muy preocupados porque la vicepresidenta ha dicho, en contra de Aído, que esas cuestiones han de ser consideradas en el respeto a las tradiciones culturales.
El tema es peliagudo, porque resulta complicado ni tan siquiera plantearse el hecho de prohibir un elemento en la vestimenta, que puede ser llevado con total aceptación por las mujeres que practican el Islam.
Y dirán ustedes que esas mujeres han sido educadas en la sumisión, y que algunas de ellas están obligadas a llevarlo, y que sólo unas pocas lo hacen voluntariamente y más como un elemento de folclore o tradición estética que de sumisión religiosa. Y yo estaré de acuerdo, y por ello les digo que la cuestión es complicada. Veo cada vez más mujeres con velo y maquilladas, o con vestidos ajustados, en las que claramente el pañuelo no tiene otra función que la de tradición estética.
La cuestión, y el problema fundamental de los pseudoliberales es pasar por alto la existencia de determinados grupos católicos que "obligan" a sus mujeres a llevar vestidos hasta la rodilla, el pelo recogido, medias espesas incluso en verano, etc. Dense una vuelta por la sede del Opus Dei de su ciudad y podrán verlas. Por supuesto tendrán que hacerlo en la sede femenina, pues la segregación del Opus es importante.
¿Están obligadas estas mujeres a vestir así, a ser segregadas, a considerar sus cuerpos como origen del pecado en los machos y por tanto a taparse? Probablemente no, pero al igual que una mujer islamista que vive y quizás se ha criado en un país democrático, sus padres eligieron su educación y la cosa terminó así.
No me atrevo yo a defender una opción u otra, pero lo que está claro es que quien está tan dispuesto a criticar una tradición como la del velo islámico ha de estar dispuesto también a luchar contra el mismo machismo y exclusión dentro del seno de su adorada Iglesia Católica. ¿O es que el machismo y la intolerancia sólo comienza del cuello para arriba? Se trata, sin duda, de una cuestión de grados. Y de hipocresía y mentira, por supuesto.

No soy español

lunes, marzo 10, 2008
Estoy relativamente contento de que ayer se redujese considerablemente el riesgo de tener que ver la cara de Acebes más de lo razonable, y relativamente triste de que las importantes cifras de participación en estas elecciones convenza a los políticos de que el discurso político es marketing puro, de que un debate político consiste en emitir dos mítines paralelos. Prueba de ello es el discurso estúpido de Zapatero y Rajoy tras saberse los resultados de las elecciones. La retórica de Zp hablando sobre una nueva época sin crispación sólo demuestra que, o es una persona muy estúpida, o cree que lo somos los demás. ¿Cómo se controla la crispación? ¿No haciendo nada que moleste a la derecha? La crispación es cosa de dos -o de más-. Completamente absurdo.
En Génova: el ¿discurso? de Rajoy. Además de insoportable -las pausas para deleitarse con sus fans eran muy irritantes-, poco dijo excepto aquello de España. El discurso estuvo orientado a los votantes de derecha. O muy de derechas: voy a seguir dando caña, España, España, España, etc. En definitiva: me importa absolutamente cero patatero lo que diga o haga el PSOE, yo les voy a joder porque es lo que quiere el electorado.
Pero lo realmente preocupante fue el contexto en ambas sedes: por una parte, resultó significativo y preocupante la presencia en el atril de una serie de sesudos intelectuales y gente del mundo de la cultura, contentos por haberse asegurado subvenciones por un tubo y pretendiendo de nuevo que creamos que la cultura tiene que identificarse con una opción política concreta, y no suponer una crítica constante a cualquier poder.
En la calle Génova, el detalle alarmante lo pusieron los energúmenos que se encontraban al pie de la sede del PP: según ellos la juventud española es aquella que vota al PP. Los demás no existimos. O quizás sí, pero por poco tiempo si ellos tuviesen el poder necesario. Y según ellos también Rajoy es el presidente del gobierno, independientemente de quien gane las elecciones. Toda una lección de talante democrático: España somos nosotros, y a los demás que les den por culo. En ese caso, señores energúmenos, les doy la razón: no soy español en esa España que quieren ustedes, esa en la que todo el mundo piensa igual y no se respetan las decisiones de la mayoría del pueblo español.
Uno acepta y aprecia que otros piensen distinto, que crean que el otro no lleva razón, e incluso disfruta con la ironía y la sátira frente al rival; pero en las mentes de todas las personas que coreaban anoche, a todo el que no piense como ellos no le reconocen como igual, como alguien con sus mismos derechos y digno de la misma consideración. Yo a ellos tampoco les reconozco nada, pero no por a quién votaron, ni por su ideología, sino por su repugnante deseo de exclusión.

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La democracia del asco

martes, febrero 26, 2008
Ayer, observando el no-debate entre dos de los muchos partidos políticos que concurren a las elecciones, pensé en la historia de mi vida como ciudadano, es decir, en las escasas ocasiones en las que me había acercado a las urnas a depositar mi voto.
Ni una sola vez mi elección había tenido que ver con mis ilusiones políticas. Desde que tengo uso de razón -política-, ningún partido se ha acercado a mis ilusiones o expectativas globalmente. Lo que yo deseo de un Gobierno parezco desearlo yo sólo, puesto que ningún partido parece querer lo mismo. Algunos -casi nunca los dos principales- han hecho propuestas que me resultaban atractivas, pero otras que me resultaban sumamente desagradables, intolerables. Además, los principales partidos hace ya tiempo que se dedican a vender aire, ideología vacía y alguna que otra ventaja fiscal cuando se acercan las elecciones.
Por eso, mi voto siempre ha estado motivado por el asco. Siempre he votado a un partido para que no ganase otro que me provocaba miedo o profundo desagrado. Echándole un vistazo a los discursos de los políticos de las últimas semanas, parece que no sólo no soy el único, sino que somos millones. Si no fuese así resulta incomprensible que debates y mítines políticos se dediquen casi única y exclusivamente a descalificar al contrario, mostrar sus debilidades, generar el miedo que saque a los ciudadanos a la calle y los ponga frente a las urnas. Una democracia del asco.

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Un día en la vida de un golpista (y 3)

martes, octubre 02, 2007
Pepe llegó a casa, se puso a cenar oyendo la emisora de los obispos a todo volumen. Eso hizo que su hijo se levantase de la mesa con cara de pocos amigos y acabase su plato en la cocina. Tras la cena se sentó en el sofá y estuvo arreglando España durante un par de horas. Esa España que se desintegra, que no conoce la moral.

<> Por primera vez, sus ansias de que el país fuese por dónde él quería no fueron neutralizadas por pensar que en una dictadura su hijo y mucha gente que conocía y apreciaba probablemente acabaría muerta o encerrada. <>

Y así pasaban los días de Pepe, rumiando el triunfo de la España de bien, católica, homófoba, racista... Mientras, el resto del país se dedicaba a trabajar, generar riqueza y tratar de vivir en paz lo mejor posible, y viviendo como si Pepe y los miles que son como él piensan en muerte y destrucción cada vez que ven a dos hombres besándose, a la vicepresidenta saliendo en las noticias o cuando le dan un premio a Iñaki Gabilondo.

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Día del libro, su éxito muestra su fracaso

miércoles, abril 25, 2007
Hace unos días se publicó el libro de un amigo y compañero. Quería anunciarlo en este blog el día del libro, celebración de la lectura como medio de transmisión de ideas y pensamiento. Sin embargo, tras pensarlo un poco decidí no hacerlo. Y es que el Día del Libro, en su éxito, con las grandes cifras de ventas muestra en realidad el fracaso de la lectura en nuestro país. Parece ser que ese día se vende un porcentaje muy alto de la cifra total de libros en un año. Y eso no es algo para celebrar. Aquellos en los que la lectura sea un hábito "compulsivo" sean bienvenidos a esta pequeña celebración en torno a una obra que promete ser muy interesante.

Desde luego, tampoco se defiende aquí el hábito de leer por leer. Si echo un vistazo a los libros más vendidos se me cae el alma a los pies. Desde luego, cuando se considera la lectura como alternativa salvífica frente a la televisión o la Playstation, yo insisto en preguntar QUÉ libro frente a QUÉ programa de Televisión.

Sin más introducción, aquí tienen un pequeño resumen del libro que quería presentar, escrito por su propio autor:

Las indecisiones del primer liberalismo español. Juan Sempere y Guarinos.

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El primer liberalismo español ofrece un campo de investigación y debate enorme. Yo he intentado mostrar que entre algunos de los últimos ilustrados se produjo una feliz evolución hacia las primeras formas de liberalismo. Y lo he hecho centrándome en la vida y la obra de Juan Sempere y Guarinos, un tipo no muy conocido (espero que a partir de ahora más) que, la verdad, no tuvo mucha suerte en la vida: sufrió dos exilios, los liberales casi se lo cargan en el Retiro, Fernando VII lo expulsó también de España; después los liberales, durante el trienio liberal, lo recibieron como uno de los suyos... En fin, una vida de expulsión, maltrato y estudio y servicio a la modernización de España que, a mi modo de ver, merece ser conocida por los españoles de hoy, consevadores, liberales o progresistas.

Una de las lecciones que más me sedujeron de toda la obra de Juan Sempere fue su realismo inmisericorde y su desprecio por los mitos históricos. Creo que, sólo por esto, Sempere debe ser una figura a tener en cuenta en el pensamiento español. Son muy pocos los intelectuales españoles, hasta el día de hoy, que se han atrevido a despreciar el peso de la historia y defender la realidad del presente, del modo tan radical a como lo hizo Sempere -y, a pesar de todo, continuar siendo un conservador. Eso de ser un conservador sin historia, no tradicionalista... creo que es todo un arte. A mí, desde luego, me ha servido de mucho.

Espero que este trabajo pueda ser de algún provecho para ustedes, que, en última instancia, son el motivo real de que uno encuentre un sentido a sus papeles.

Como señala la contraportada: "Este libro pretende, a su modo, cumplir ese deseo que el viejo Sempere confesó ya retirado del mundo en su pueblo: La perennidad me hará justicia."



 Red Progresista.net