Un día en la vida de un golpista (y 3)
Pepe llegó a casa, se puso a cenar oyendo la emisora de los obispos a todo volumen. Eso hizo que su hijo se levantase de la mesa con cara de pocos amigos y acabase su plato en la cocina. Tras la cena se sentó en el sofá y estuvo arreglando España durante un par de horas. Esa España que se desintegra, que no conoce la moral.
<> Por primera vez, sus ansias de que el país fuese por dónde él quería no fueron neutralizadas por pensar que en una dictadura su hijo y mucha gente que conocía y apreciaba probablemente acabaría muerta o encerrada. <>
Y así pasaban los días de Pepe, rumiando el triunfo de la España de bien, católica, homófoba, racista... Mientras, el resto del país se dedicaba a trabajar, generar riqueza y tratar de vivir en paz lo mejor posible, y viviendo como si Pepe y los miles que son como él piensan en muerte y destrucción cada vez que ven a dos hombres besándose, a la vicepresidenta saliendo en las noticias o cuando le dan un premio a Iñaki Gabilondo.
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Y así pasaban los días de Pepe, rumiando el triunfo de la España de bien, católica, homófoba, racista... Mientras, el resto del país se dedicaba a trabajar, generar riqueza y tratar de vivir en paz lo mejor posible, y viviendo como si Pepe y los miles que son como él piensan en muerte y destrucción cada vez que ven a dos hombres besándose, a la vicepresidenta saliendo en las noticias o cuando le dan un premio a Iñaki Gabilondo.